BY DĀVIS SUHAREVSKIS

Son baratos, abundantes y potencialmente mortales:
los ingredientes que debes evitar en tu estuche de maquillaje.

Desde que existen productos de belleza, las personas han usado compuestos tóxicos en nombre de la belleza. Las damas de la época victoriana usaban el extracto de Atropa belladonna (belladonna) para dilatar sus pupilas, causando ceguera en el proceso. Se usó pintura blanca para la cara que contenía plomo, para así obtener el aspecto característico de las geishas, hasta principios del siglo XX, cuando se reemplazó con arroz en polvo. Desafortunadamente, al mismo tiempo, apareció una nueva tendencia: cosméticos brillantes. ¿Cuál es el secreto? Una mezcla de radio radiactivo y fósforo para obtener ese brillo. La mayoría de ellos se hizo tan popular debido a la desinformación y la falta de conocimiento. Hoy en día sabemos qué ingredientes dañinos no debemos poner en nuestras caras, ¿o no es verdad?

Sumerjámonos en las aguas turbias de los ingredientes malos
de maquillaje y descubramos qué no usar.

El talco es un polvo opaco blanco que se usa en sombras de ojos, bases, lápices labiales y otros productos de maquillaje, así como en polvo para bebés. Parece inofensivo, y por sí solo lo es. Sin embargo, el talco suele ir acompañado de amianto en las minas. Y como es costoso y difícil separarlos, el talco generalmente contiene amianto cuando termina en una formulación. Sin embargo, el amianto es un mineral que tiene una estructura cristalina en forma de aguja (fibras de amianto) y, cuando se inhala, pequeñas agujas perforan los órganos respiratorios y pueden causar inflamación en los pulmones, es decir, asbestosis, que luego puede provocar cáncer de pulmón, mesotelioma y enfermedad cardíaca pulmonar.

Todos conocemos la silicona; la hemos visto y probablemente hemos estado en contacto con ella. Es un ingrediente cosmético ampliamente utilizado debido a su capacidad de extensión y textura suave. Las moléculas de la mayoría de las siliconas son demasiado grandes para penetrar la barrera de la piel y dañarnos, pero las que no lo son, están clasificadas como persistentes, bioacumulables y tóxicas. Cuando se absorben, las siliconas inducen inflamación crónica, que afecta negativamente a las glándulas suprarrenales y al hígado, y se degradan en moléculas más pequeñas, incluida la sílice. La sílice es un contaminante cancerígeno que daña el sistema inmunitario y causa silicosis. En conclusión, ¡adiós siliconas!

Aceite mineral: parece ser obvio; ¿por qué alguien querría usar en la cara un ingrediente derivado del petróleo, si hay aceites naturales que contienen ácidos grasos beneficiosos que nutren la piel y fortalecen la barrera lipídica? Sin embargo, el aceite mineral es mucho más barato y Pecunia non olet (en latín, "el dinero no huele"). El problema con el aceite mineral (aparte de sus orígenes) radica en el hecho de que se absorbe por vía cutánea y tiende a contaminar nuestros cuerpos, es decir, termina en nuestras células grasas e incluso en la leche materna. Sin embargo, es ideal para motores de automóviles.

Mientras viajamos en el tren del petróleo, hablemos de un grupo más de derivados: el PEG (polietilenglicoles) es un caso paradigmático de un ingrediente pésimo. Contienen contaminantes tóxicos y cancerígenos, se sospecha que tienen genotoxicidad y, para colmo, son extremadamente propensos a penetrar en la piel y también actúan como una forma de transporte para otros ingredientes, ya sean buenos o malos. PEG: ¡estás cancelado!

Y para finalizar la lista: FRP. Significa conservantes liberadores de formaldehído. No me malinterpretes, el formaldehído es un gran químico. Tiene una multitud de usos, pero ninguno de ellos es compatible con la vida. Cualquier vida. Se utiliza como biocida, desinfectante y agente embalsamador. En un cuerpo humano vivo, es irritante y cancerígeno. En cosmética es parte de la sustancia utilizada como conservante de bajo coste. A medida que se degrada en una cara cálida, libera una molécula de formaldehído.

Esta lista es sólo una pequeña parte de todos los ingredientes potencialmente dañinos. Conocerlos a todos y mantenerse alejado de ellos parece una tarea de Don Quijote, honestamente. Pero no estamos solos en nuestra lucha, organizaciones como ECOCERT, COSMOS, etc. vigilan atentamente el mercado, educando a los clientes y productores que no tienen tanto conocimiento. Pero en cualquier caso, ¡siempre es una buena idea verificar dos veces los ingredientes sospechosos!